Fragmentos del Diario de Pushkin.
1831
26 de julio
Sin embargo un recurso
tan categórico como este último, no debe ser empleado
a menudo. El pueblo no debe
acostumbrarse a la presencia del zar como si este se tratara de una figura corriente. La represión de la policía debe intervenir, ella
sola, en los disturbios de la plaza – y la
voz del zar no debe amenazar ni con la
metralla, ni con el látigo-. El zar no
debe personalmente acercarse al pueblo. La chusma dejará
muy pronto de temer ese poder misterioso y empezará a ufanarse de sus relaciones con el Emperador y muy pronto en sus motines
va a exigir la aparición de él,
como una condición indispensable. Hasta ahora el Emperador, quien posee el don de la palabra, habló solo;
pero puede encontrarse en la
muchedumbre una voz que le replique. Esas
conversaciones son indecorosas
(inconvenientes) y las discusiones en la plaza
se van a convertir inmediatamente
en el rugido y el aullido
de una fiera hambrienta. Rusia tiene 12 000
verstas de anchura; el
Emperador no puede aparecer
en todas partes, donde puede estallar la sublevación.
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